Dime qué digieres y te diré quién eres

Hace unos días leía un libro súper interesante, muy fácil de digerir (hablando del tema) y muy ilustrativo sobre cómo el intestino es un órgano muy poco valorado y por el cuál suceden muchas cosas de suma importancia para nuestro cuerpo y nuestra mente.

 

Existen varias teorías sobre cuál es el origen de las alergias, sensibilidades o intolerancias, y muchas de ellas apuntan a que nuestro intestino es incapaz de descomponer ciertas proteínas en sus diferentes aminoácidos.

 

Normalmente estas pequeñas partículas son detectadas como cuerpos extraños y por ende, se eliminan a través de la linfa y la atacan como un cuerpo extraño. Es por ello que recomiendo que con frecuencia asistamos a drenar nuestro cuerpo, no sólo con alimentos sino también con masajes especializados, llamados drenajes linfáticos.

 

Una vez que nuestro cuerpo detecta estas partículas extrañas, las células inmunitarias comienzan a alertarnos de que algo nos está atacando, y empieza la batalla. La consecuencia de estas batallas inicia con inflamaciones recurrentes, hasta incluso, permanecer inflamado por mucho tiempo. También, cuando la reacción es más fuerte, se inflaman todos los órganos internos, incluyendo la lengua, cara y orejas. En este momento es evidente que estás intoxicado.

 

Es por lo anterior que debemos siempre estar pendientes de las reacciones de nuestro cuerpo, aprender a escucharlo para que cada vez tengamos más bienestar. No podemos hacer oídos sordos a las alarmas que nuestro cuerpo nos envía, cuando un alimento no nos sienta bien, debemos evitarlo.

 

El estrés, la ansiedad, las infecciones y el consumo de antibióticos o medicamentos autorecetados exacerban las reacciones de nuestro cuerpo ante estas sensibilidades, alergias o intolerancias. Para restaurar el bienestar es recomendable alejarte de estos alimentos un tiempo considerable e irlos reintroduciendo de forma paulatina pero en cantidades que tu cuerpo tolere en bienestar.

 

Brenda García Romero