Los malos hábitos del dolor crónico

Todos hemos conocido a un amigo o compañero de entrenamiento que siempre piensa en negativo. Le va mal en las carreras, los entrenamientos son muy pesados, le cuesta trabajo mejorar sus tiempos…pues bien, también la mente necesita adaptarse de forma precisa al estrés causado por una lesión, problemas personales o hasta condiciones ambientales poco favorables.

De lo contrario, todo esto puede provocar malos hábitos que no permiten que el cuerpo se recupere, la mente no se enfoca en lo que quiere y empezarás a creer que nada puede estar mejor, con estos pensamientos el dolor en alguna zona del cuerpo tiende a volverse crónico.

Hay estudios que demuestran que más del 45% de personas en el mundo experimenta dolor crónico, por ello, con frecuencia vas a encontrar personas así a tu alrededor.

Para que una conducta se vuelva hábito, se debe tener una rutina fija en respuesta a un aviso o señal, como sucede cuando calientas antes de una carrera y recibes una recompensa, que en este caso es que tus músculos trabajen mejor.

Existen posturas que una persona con dolor crónico adopta como inclinar el cuerpo hacia delante, agachar la cabeza, cubrir el pecho con sus manos, como si protegiera sus órganos de un daño mayor, esto se debe a que el cuerpo percibe el dolor persistente como una amenaza y su respuesta es de huida o de lucha.

Obviamente hay cambios en el sistema esquelético y eso agrava el dolor crónico, la inflamación generada por ello, la enfermedad y la degeneración. Además, se afectan las estructuras de los tejidos, se disminuye el suministro de sangre, por ello, los músculos se vuelven rígidos y se agudiza el dolor.

Pero aunque pareciera que estos hábitos son difíciles de eliminar porque el sistema nervioso se adapta rápidamente a los pensamientos negativos, hay solución.

Cuando alguien decide cambiar lo negativo por lo positivo tiene que ver con la aceptación de sí mismo. Adoptar esta actitud permite tener un nuevo comportamiento, mejora la salud y por lo tanto, se tiene una sensación de felicidad y bienestar. Un estudio hecho en 2014 en el cual se aplicó psicología positiva a fumadores, tuvo como resultado que ellos dejaran de fumar los siguientes 6 meses a la prueba, es decir, las afirmaciones positivas funcionaron e hicieron un gran cambio tanto en la salud y el comportamiento.

Otro estudio publicado en Psychological Bulletin en 2012, demostró que la gente optimista tiene un menor riesgo de problemas cardiovasculares, mientas que otro que fue presentado en 2014 en Health Psychology, afirmó que durante las situaciones de gran estrés, el cortisol disminuye al aplicar la psicología positiva, además de bajar la ansiedad, depresión y angustia.

Por ello, te recomendamos que cuando te percates de que hay un dolor crónico, primero revises tu forma de ver la vida, analices tus hábitos y las reacciones que tienes con respecto a situaciones negativas. Si empiezas a ver las oportunidades de cambiar en medio del dolor, notarás que lo que antes parecía grave, hoy ya no lo es. A veces hay que mirar más hacia dentro de nosotras mismas y al ver lo positivo no hay espacio para gastar la energía en cosas que no nos servirán.

¿Qué hacer?

  1. Descansa y recupérate. Cuando un dolor no se va, es señal de que el cuerpo ha sido sometido a un alto nivel de estrés, fatiga y ha rebasado sus límites. Por ello, necesitas descansar y recuperarte, incluye una rutina de meditación, relajación y yoga en tu vida. El masaje después de un entrenamiento intenso también es gran ayuda y duerme al menos 7 horas.
  2. Enfócate en lo que quieres. Debes tener prioridades, deja de querer ser una super mujer debido al bombardeo de tantos mensajes que exigen ciertos patrones físicos, sociales y emocionales que por lo regular son poco accesibles para todas. Elimina lo que te cause dolor, angusia, estrés o ansiedad. Lo primero que debes procurar es estar en paz contigo misma.
  3. Huye de las relaciones tóxicas. Sí, todas las que te hacen sentir mal.
  4. Cree en ti y en tus esfuerzos. Es ley de vida para una corredora, la magia de correr radica en que siempre hay una nueva oportunidad para hacer las cosas mejor y depende de ti cómo quieres cruzar la meta.