Y un día, cambié para bien.

Despiertas, te ves al espejo y descubres que esa persona que estás viendo no te gusta, no te gusta nada.

Hoy quiero platicarles de mi experiencia personal y de cuál fue el motivo por el cual estoy aquí, llevando una dieta basada en plantas, ayudando a personas que como yo, padecen de enfermedades relacionadas con la insulina o luchan con su peso, y de cómo me cambió la vida.

No recuerdo la fecha, fue un día que me vi al espejo y descubrí a alguien que no me gustaba, decidí que era tiempo de cambiar. Ya no quería ser más esa persona, quería redescubrirme y volver a ser quien siempre había sido, y que por varias situaciones, estaba perdiendo el camino.

Me di cuenta que gran parte de lo que sentía y de cómo me veía, era producto de una mala alimentación, de un estilo de vida poco saludable que a mi cuerpo y a mi mente, no le gustaban.

Fue entonces que comprendí que necesitaba hacer cambios radicales. No sólo estoy hablando de lo que comía (muchos lácteos, a deshoras, casi nada de vegetales, alcohol, etc.) también cambié mi estilo de vida en general. Empecé por dejar la comida que no me hacía bien, poco a poco fui quitando el azúcar refinada, todo lo enlatado o empaquetado, lácteos, la carne y todo lo que provenía de algún animal, porque en mi no funcionaban bien. Me sentía cada vez mejor, bajaba de peso y mi piel iba tomando lozanía.

Después, en el aspecto espiritual, comencé a acercarme más a mi misma. Descubrí que el yoga y la meditación me hacían entenderme más. Esa postura me hacía comprender que a veces soy rígida, que necesitaba ser flexible. Ese momento de meditación que me hacía conectar conmigo misma, y no tratar de ser alguien que no era.

Me comprendí, me amé y me entendí. Esa transición no fue fácil. Los antojos llegaban y tenía que luchar conmigo misma, vencer ese deseo con ese puedo. El saber que podía y que lo lograba, me iba haciendo fuerte.

Mis aliadas en esta transición siempre fueron las plantas. Les estoy infinitamente agradecida porque, gracias a este cambio de hábitos, despareció la resistencia a la insulina que padecí por mucho tiempo. Y fue ahí cuando un día me decidí a adentrarme en el mundo de la nutrición holísitica, para entenderme más y así, poder ayudar a más personas a descubrirse y reconectar consigo mismas a través de una alimentación saludable.

Mi vida y mi alimentación dieron un giro de 180 grados. Me alejé de personas negativas que no te desean cosas buenas, me alejé de situaciones que no me hacían bien, así como de alimentos que me intoxican y me hacen perder el equilibrio. Me acerqué a todo aquello que me hacía bien: mi alimento físico son ahora cosas vivas, llenas de energía, mi alimento espiritual, aquello que me hace estar en paz y conectada con mi verdadero yo.

Hoy deseo que tú también descubras tu camino, siempre hay una oportunidad para ser mejores, pero hay que tomar el riesgo, desearlo con todo tu corazón y sobre pasar algunos obstáculos que, al final, rendirán muchos frutos.